El Efecto Pigmalión – 👩‍🎓 El Poder de las Expectativas

Comparte en tus Redes!

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp

¿HAS OÍDO HABLAR ALGUNA VEZ DEL MITO DE PIGMALIÓN?

La mitología griega nos cuenta la historia de Pigmalión, un rey de Chipre que, durante años, estuvo buscando a la mujer perfecta para casarse. Después de tanto tiempo sin conseguirlo (pues su idea de perfección era imposible en la realidad) se retiró de su empeño y se dedicó a esculpir esculturas para seguir buscando la anhelada perfección.

Una de sus obras, Galatea, resultó ser tan perfectamente bella que, sin poder evitarlo, Pigmalión se enamoró de ella. Llegó a soñar que su Galatea cobraba vida y, fue tal el sentimiento de amor que invadió al rey por aquella escultura, que suplicó a la diosa Afrodita que cumpliera su deseo. Cuando llegó a su casa tras sus súplicas, Pigmalión besó en los labios a la escultura y la sintió viva. Afrodita, conmovida por su amor, le había concedido el deseo y la había convertido en humana conminándole a amarla y protegerla de todo mal.

Posteriormente y, durante cientos de años, este mito se ha interpretado en diferentes cuentos, historias, películas, obras de teatro, óperas y danzas, entre otras artes, pero: ¿Qué tiene que ver este mito con la psicología? Si quieres saberlo, sigue leyendo para profundizar más en este efecto de la psicología social.

¿QUÉ ES EL EFECTO PIGMALIÓN?

Las expectativas que otros tienen sobre nosotros influyen en nuestros actos. Dicho así, sería resumir a la mínima expresión este efecto. Veamos, pues, en qué se basa la psicología social para hablar del efecto Pigmalión.

Aclaremos, en primer lugar, que este efecto es otro de los sesgos cognitivos de los que ya hemos hablado en anteriores ocasiones. Podemos denominarlo, a su vez, como efecto de la profecía autocumplida y debemos su conocimiento, sobre todo, al sociólogo Robert King Merton, quién basó sus estudios en el teorema de William I. Thomas.

Si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias”

William I. Thomas

Merton concluyó que, las personas respondían más al sentido y a la percepción que habían otorgado a una situación, que a la realidad objetiva de ésta.

Para ello utilizó un ejemplo muy visual acerca de lo que quería explicar: En el año 1932, corrió el rumor de que el Last National Bank iba a quebrar. El pánico cundió entre todos los clientes que, para evitar perder sus ahorros, acudieron a retirar su dinero del banco. A causa de esta oleada, el Last National quebró.

EL EXPERIMENTO PIGMALIÓN

En el año 1963, Lenore Jacobson, directora de un colegio estadounidense, entabló correspondencia con el psicólogo Robert Rosenthal, interesada en las investigaciones que éste estaba llevando a cabo. Rosenthal estaba volcado en el estudio de la comunicación no verbal y, sobre todo, estaba interesado en el efecto Pigmalión.

Tras un tiempo de estudio, se crea el proyecto de investigación Pigmalión y se lleva a cabo un experimento “Pigmalión en las aulas”. Éste consistía en demostrar que las consecuencias de las expectativas que tienen sobre nosotros afectan al rendimiento de cada uno.

Para ello, realizaron una prueba de inteligencia a 300 alumnos del colegio de Jacobson. Tras analizar los resultados y observar que no había ningún alumno que destacara del resto, los investigadores eligieron, al azar, a un pequeño grupo de alumnos. Entregaron a los profesores unos informes acerca de estos alumnos, diciendo que eran mucho más aventajados que el resto y que, probablemente, serían los que sacarían mejores notas a final de curso.

Una vez finalizado el curso escolar, los investigadores volvieron a realizar la prueba de inteligencia a los mismos 300 alumnos. Aquí es dónde se encontraron la sorpresa. Todos los alumnos de quiénes se había realizado el informe favorable habían destacado, considerablemente, por encima del resto de sus compañeros.

¿Cómo era posible que esos alumnos hubieran sacado mejores notas si eran como el resto de sus compañeros? Pues bien, ahí es donde interviene el efecto Pigmalión. Los profesores, sin querer, habían sido manipulados al creer que aquellos alumnos eran mejores y, como tal, los trataron.

Les prestaban más atención, mantenían más contacto visual. Se esforzaban en que entendieran las lecciones y esperaban más de ellos, con lo que, insistían en los conceptos para que pudieran comprenderlos. De este modo, poniendo más empeño, lograron que se cumplieran las expectativas que habían creado.

En resumen, las expectativas que tenían los profesores con respecto a esos alumnos, repercutían, significativamente, en los resultados de estos.

EL EFECTO PIGMALIÓN Y EL SESGO DE CONFIRMACIÓN

Como hemos visto en otros artículos, el sesgo de confirmación es esa creencia disparatada que busca ratificar nuestras creencias. Asimismo, el efecto Pigmalión o de la profecía autocumplida, es un prejuicio de pensamiento en el que validamos todo aquello que confirma lo que queremos y es capaz de desechar aquello que no.

Si nos fijamos en el ejemplo del banco que mencionábamos en los párrafos anteriores, podremos entender bien qué mecanismos emplea nuestro cerebro para buscar esa sensación de coherencia.

En un principio, el banco funcionaba a la perfección y, a raíz de unos rumores infundados, todos los clientes fueron retirando su dinero hasta que, finalmente tuvo que cerrar. No cerró porque tuviera problemas de liquidez, tuvo que hacerlo tras perder a todos sus clientes. Pues bien, el pensamiento más común de todos aquellos que sacaron su dinero es el ya conocido “yo lo sabía”, “estaba claro que iba a pasar” y demás frases que se repiten unos a otros.

En este punto tenemos que aclarar que nadie había predicho que iba a quebrar el banco, pero debido al comportamiento de la gente, al final sucedió.

Podemos extrapolar este ejemplo a cualquier otra materia en nuestras vidas y veremos como, en muchos casos y, aunque nos expliquen con multitud de ejemplos y pruebas fehacientes que lo que estamos ratificando no es debido a aquello a lo que nos “agarramos”, cualquier motivo es bueno para confirmar lo que creemos y/o queremos.

Pero y ¿qué sucede si las expectativas son negativas en lugar de positivas? Es decir, cuando los profesores creyeron que aquellos alumnos tenían mayores capacidades, se esforzaron para lograr que así fuera ¿Y al contrario? ¿Las expectativas negativas que tenemos hacia los otros y/o hacia nosotros también repercuten en nuestros resultados? Pues, desgraciadamente, así es.

EL EFECTO PIGMALIÓN NEGATIVO O EL EFECTO GOLEM

Cuando hablamos de efecto Golem, lo hacemos refiriéndonos a las personas a quienes, debido a las bajas expectativas que tienen sobre ellas, ven mermada su autoestima y, por ende, sus resultados también se ven afectados.

De hecho, un individuo puede llegar a condicionar a alguien y convencerlo de que no es capaz de desempeñar cierta tarea. Aclaremos que, en muchas ocasiones, esto puede ocurrir sin que el individuo se dé cuenta de que lo está haciendo, pero el daño para quién lo sufre, puede llegar a ser igual de negativo.

Seguro que conoces algún caso similar. Una persona que tiene un gran potencial, pero que no lo explota porque no cree que lo tenga. Es aquí donde se nos plantea la siguiente duda ¿se puede luchar contra este efecto? La respuesta es sí, pero ¿es una tarea fácil? Es, tristemente, una lucha de gigantes. Para frenar el efecto Golem, tendríamos que desempeñar la difícil tarea de hallar los prejuicios y sesgos de las personas.

Si ponemos como ejemplo, de nuevo, a los profesores de la escuela de Jacobson, podríamos intentar que estos tuvieran el mismo comportamiento con todos sus alumnos. Si ellos consideran igual de capaces a todos sus alumnos y potencian, por igual, sus capacidades, el rendimiento de todos ellos se vería beneficiado.

Es lógico que las capacidades de todas las personas no son iguales, pero si todas son tratadas del mismo modo y ponemos las expectativas en alza, el rendimiento se vería claramente afectado.

Justo es este punto el más difícil, pues es inherente al ser humano, tener expectativas y prejuicios y actuar en base a ellos. De esta manera, alimentamos esa sensación de coherencia de nuestro cerebro aunque eso sea, precisamente, lo más incoherente.

TERAPIA PARA CRECER Y SEGUIR AVANZANDO

Para estos casos en los que nuestra autoestima está claramente dañada y no somos capaces de realizar tareas nuevas ni volcarnos en proyectos porque creemos que no seremos capaces, la terapia será una gran aliada.

Un profesional de la salud mental especializado en terapia cognitivo conductual, nos puede ayudar a manejar la ansiedad, a ser más realistas con nuestras capacidades y a afrontar los reveses de la vida. Si sientes que no puedes manejar la situación, busca ayuda.

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 4 Promedio: 4.5)
Guillermo Orozco

Guillermo Orozco

Psicólogo en Las Palmas de Gran Canaria. Graduado por la UNED y Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Autónoma de Madrid. Especialista en trastornos de ansiedad y trastornos del estado de ánimo. Experto en Terapia de Pareja y Terapia Online.

Otros artículos que podrían interesarte: